Especie de recaida en un mundo mágico donde la realidad se ofrece discontinua, conformada en realidades homogéneas separadas por abismos insalvables.
Despertar es renacer cada día. Y ya la luz nos aguarda. Ya está ahí comenzada, la historia que haya que proseguir. Despertar es entrar en un sueño ya en marcha, venir desde el desierto puro del olvido y entrar, lo primero, en nuestro propio cuerpo, recordarlo sin rencor, entrar a habitarlo y recuperar nuestra alma, con su memoria y nuestra vida, con su quehacer.
No estaba muerta pero tampoco en la vida, pues vivir es inseguridad, sobresalto, ”vivir es anhelar”. Y aquella situación de indiferencia venía a ser, era de nuevo una situación prenatal. Porque todo lo que la rodeaba el inmediato contorno, ara una intimidad sin poros y sin opresión.
Ídolo es lo que exige ser adorado o recibe adoración, es decir absoluta entrega, absoluta, mientras dura. Ídolo es lo que se alimenta de esa adoración o entrega sin medida y una vez que le falta cae. Es una imagen desviada de lo divino, una usurpación. Toda persona convertida en un ídolo aún a pesar suyo, vive en estado de fraude.
La vida humana es de por si irónica; donde comienza lo humano comienza la ironía; a mayor humanización mayor juego de reflejos entre el ser y el no-ser. Lo humano es la actuación del no ser.
Lo que equivale a decir que el dintel de la historia ante el cual el hombre ha retrocedido una y otra vez sin acertar a traspasarlo, sea este: que allí donde nos agrupemos – y no podemos vivir sin agruparnos - deje de existir un ídolo y una víctima, que la sociedad en todas sus formas pierda su constitución idolátrica, que lleguemos a mar, creer y obedecer sin idolatría, que la sociedad deje de regirse por las leyes de sacrificio, o más bien por un sacrificio sin ley.
Creyó siempre que el árbol había florecido; prefirió la crueldad de esas flores que nunca más vería –aquellas precisamente- a que el árbol no hubiese florecido. No se quiso consolar; prefirió la existencia de la flor al consuelo.
…la alegría de entender era como un rayo que iluminase la mente, y el alma quedaba toda removida.
No se puede negar el ambiente que nos hace vivir, que nos crea un espacio donde respirar, un horizonte donde nuestra vida hasta la más personal, entra a formar parte de la realidad, se encuentra con la vida de los demás, se articula con ellas.
Ímpetu de vivir, si, de vivir con los mayores, con los iguales, con los analfabetos, con los campesinos, con los obreros, “Vivir es convivir”.
Y ya se que “el otro”, el prójimo, está sólo en su fondo como yo, y tampoco puede valerse. Todos están solos, cada uno está solo. No tendré pues enemigo, ni creeré que nadie me ama especialmente, ni menos lo desearé, que antes me devoraba ese anhelo de que me quisieran, de ser amada.

…
Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mi misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen a ser yo, o del querer serlo.