
Una ciudad participa de la vida personal, y sin esa extraña cosa que es la vocación, anda lejos de ser una cosa, no es ni siquiera una cualidad que se posee: es por el contrario, una pasión; algo que sufre; algo que se parece y se hace al mismo tiempo, algo que jamás se realiza y que presta realidad última a todos los actos de la vida; algo que no está en parte alguna y que es reconocible en todo; desde las acciones más señaladas hasta las más insignificantes actuaciones.
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